NoticiasPese a las intensas lluvias de los últimos meses, el nivel del agua en la laguna de los Patos ha descendido de manera preocupante. - Foto F2Estudio | Una Gota de Agua Burgos

El Servicio Territorial de Medio Ambiente espera a que el nivel del vaso descienda para comprobar si se trata de las mismas fisuras selladas en 2018 y 2019 o de otras nuevas.

Una de las lagunas de Neila vuelve a registrar fugas, y no precisamente de ciclistas. Los técnicos del Servicio de Medio Ambiente de Burgos han constatado en la última de las revisiones a las que someten con periodicidad a este privilegiado paraje natural que el nivel del agua del vaso de los Patos ha descendido de manera ostensible y los trabajos se centran ahora en determinar si se trata de la misma fisura que descubrió en septiembre de 2018 o si existen grietas diferentes. Posteriormente, será el momento de plantearse la posibilidad de realizar intervenciones de mayor calado a las realizadas hasta ahora, siempre «salvaguardando, como no puede ser de otra manera, los valores del Parque Natural», subrayan desde la Delegación Territorial.

Quizás quienes aprovechen la desescalada para pasear por parque de las lagunas glaciares no se percaten aún de este nuevo contratiempo, puesto que gracias a la gran cantidad de lluvia caída durante los últimos meses el paisaje está muy lejos de parecerse al de hace 2 años, cuando llegó a perder casi dos metros de altura en apenas una semana. «Durante todo el invierno e inicios de la primavera la alguna ha presentado un nivel de agua elevado hasta su punto máximo, consecuencia de los grandes aportes de agua de estos periodo húmedos», explican desde la Delegación Territorial de la Junta de Castilla y León en Burgos. Sin embargo, el problema no tardará en mostrarse a los ojos de cualquier neófito en cuanto llegue el verano y cesen las tormentas.

Esta nueva fuga de agua se produce tras dos intervenciones, realizadas en los otoños precedentes, la última en octubre de 2019, por lo que «o bien el sellado realizado no ha dado los resultados esperados o bien se está perdiendo agua por otro punto de la laguna», explican los técnicos. «En cualquier caso, no se podrán observar los puntos de fuga hasta que el nivel de la laguna alcance las cotas de fuga para así poder observar con detenimiento y claridad los puntos de fuga», añaden desde el Servicio Territorial de Medio Ambiente.

Esta laguna es una de las más accesibles -muy cerca del aparcamiento- pero también de las menos conocidas de Neila, por ubicarse al otro lado del sendero más transitado, el que lleva hasta la Negra y la Larga. Justo enfrente de ella, al otro lado del camino, se ha formado una enorme charca de agua que hace años no existía y a la que se puede estar filtrando parte del líquido que se escapa del vaso de los Patos. En el entorno y las orillas proliferan los ejemplares de pinos completamente secos, uno de ellos caído cruzado en mitad del camino, que confieren al paisaje un toque espectral, casi de película de animación, pero que son indicativo de que algo no funciona bien.

En todo caso, antes de cualquier actuación, Medio Ambiente esperará hasta que las nuevas filtraciones y el proceso habitual de pérdida de agua mediante evotranspiración y fisuras naturales hagan descender el nivel del vaso hasta que llegar a la grieta que se selló. «Si los caudales de salida a través de estas fugas superan a los aportes naturales por escorrentía procedentes del agua de lluvia y las reservas de nieve, los niveles de la laguna bajarán hasta el punto de encuentro con la fisura principal», detallan.

Será entonces cuando los técnicos puedan «observar con detenimiento y claridad los puntos de fuga» y, a partir de ahí, «evaluar la posibilidad de aumentar el grado de actuación a intervenciones más amplias», siempre desde el máximo respeto la medio natural, insisten.

El Servicio Territorial de Medio Ambiente también ha constatado que este proceso se circunscribe exclusivamente a la laguna de los Patos y que «el resto de lagunas del complejo lagunar del Parque no ha sufrido ninguna alteración en cuanto al nivel de las aguas» en estos últimos años.

Mínima intervención. Existen algunos condicionantes que dificultan la detección de las fugas, puesto que, como recuerdan desde el Servicio Territorial de la Junta, «estas lagunas naturales fueron recrecidas de forma artificial a finales del siglo pasado» y en los diques artificiales de piedra construidos para aumentar el volumen de agua original se han generado pequeñas fisuras por la que se pierde de forma continua el agua de las mismas. «El problema es encontrar y seguir la fisura a través del dique de piedra, lo que complica el éxito de las labores de sellado. Más si cabe al tratarse de un espacio natural», en el que se busca minimizar el impacto de la intervención humana.

De ahí que inicialmente se haya buscado «solventar la fuga mediante actuaciones muy puntuales de manera manual con escasa intervención de maquinaria pesada», justifican los técnicos.
Desde el 24 de septiembre de 2018, cuando se dio la voz de alarma, hasta el 11 de octubre de ese mismo año se perdieron un total de 4.420 metros cúbicos de agua. El 19 de octubre se procedió a taponar la fisura, de una superficie de unos 5 metros cuadrados, inyectando sobre la zona  bentonita, un tipo de arcilla fina con gran capacidad de expansión al entrar en contacto con la humedad. Se actuó con una cierta urgencia, antes de que llegaran las primeras nieves, y con la esperanza de que esta solución mínimamente invasiva atajase el problema e impermeabilizase la parte del vaso afectada.

Sin embargo, un año después se reprodujo el fenómeno y el nivel descendió incluso por debajo del registrado en 2018, lo que motivó nuevas labores de sellado en el mes de octubre. Su eficacia no se podrá comprobar hasta que no lleguen los meses más secos, después de un otoño y un invierno en el que las lagunas no han acumulado demasiadas reservas de nieve pero sí han recibido muchos aportes de agua de lluvia.

 

Fuente: diariodeburgos.es