NoticiasEn la provincia hay 86 puntos de muestreo - Foto Miguel Ángel Valdivielso - Una Gota de Agua Burgos

Las labores de control afloran una gran caída de especies. Depuradoras que funcionan mal o productos fitosanitarios, en el punto de mira.

Hace años corría el mito entre los habitantes de diversos pueblos burgaleses de que los guardias medioambientales se llevaban las truchas de los ríos.La base de este rumor, totalmente falso, radica en las prácticas que estos trabajadores de la Junta realizan periódicamente en la mayoría de los cauces que atraviesan la provincia, dentro de la red de seguimiento y control de las poblaciones acuáticas. Estas labores de muestreo ayudan a comprender la evolución de las especies acuáticas, la vegetación, la conductividad o la temperatura del agua, factores fundamentales para comprender la situación actual de los ríos.

En el caso del Arlanzón, a su paso por la capital, los agentes medioambientales de la Junta, que han estado tomando muestras esta semana, alertan de una «tendencia a la baja de especies», y comparando los peces que han encontrado este 2020 con los de años atrás la situación es inquietante. «Salía casi el doble de pesca», apuntan. El principal factor que ven los profesionales detrás la caída de peces es la presencia de productos químicos en el agua. «Muchos pueblos carecen de depuradoras y algunas de ellas funcionan mal.Además, la agricultura está provocando numerosos vertidos», precisan. Junto a esta causa admiten que la propia pesca extractiva en sí o el estiaje de los ríos influye también de manera negativa.

Entre las capturas que lograron anotar figura un centenar de truchas, tres veces ese número de piscardones, gobios, bermejuelos y bogas. «En el último muestreo salieron barbos y en esta ocasión no», indican los profesionales, que confirman la «tendencia a la baja de los ciprínidos» que vive el cauce a su paso por la ciudad y el mantenimiento de las truchas, «la reina de la pesca y a la que se mira con más mimo».

Una práctica habitual. A lo largo y ancho de la provincia de Burgos la Junta tiene localizadas un total de 86 estaciones o puntos de muestreo. Ocho de estos se muestrean todos los años, mientras que el resto se analiza cada tres cursos, repartidos en tres grupos de 22, 12, 44, es decir un año 22, otro 12 y otro 44 y vuelta a empezar. Estos enclaves son tramos de 100 metros de longitud que se acotan con redes en su punto superior e inferior y luego, mediante pesca eléctrica, se extraen todos los peces. Después se apunta la especie, el tamaño y el peso. Posteriormente todos los animales son devueltos al agua en perfecto estado tras ser ‘reanimados’ mediante oxígeno en unas cajas (ver fotografía que acompaña esta noticia).

«Durante estos años se va constatando una disminución de las poblaciones y, aunque se supone que la trucha común es una bioindicadora de la pureza de las aguas, en algunos ríos burgaleses la disminución de otras especies como el barbo, bogas o piscardos es más alarmante que el de las propias truchas», sentencian los agentes medioambientales de la Junta, cuya labor de control y vigilancia se vuelve imprescindible para la supervivencia de los peces que habitan en los ríos burgaleses.

Fuente: diariodeburgos.es